LA DAMA DEL TAROT: I CHING

Además de haber estudiado en profundidad el tarot me ayudan también otras enseñanzas que explico en "el tarot de la dama" y el hecho de conocer otros artes adivinatorios como el I Ching. Pero una fuerte ayuda han sido los años que he estudiado psicología y lo que ello me ha vislumbrado. Por ello tengo un mayor conocimiento sobre los principales problemas que nos azotan durante nuestra existencia y puedo interpretar mejor las tiradas de tarot. También me ha ayudado el hecho de haber estudiado la astrología y los signos zodiacales para tener una mejor referencia de cada grupo de personas, pero, por supuesto, nunca se puede generalizar a la hora de examinar a una persona en concreto, aunque se tenga una referencia.
Quiero explicaros este método que descubrí hace no muchos años y que ha resultado ser un puntal en mi conocimiento y un método adivinatorio que ofrece muchas garantías. Personalmente, me ha ayudado con un grado de exactitud que en muchas ocasiones me ha dejado perpleja. El I Ching, Yijing o I King es un libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen escritos hacia el 1200 a. C. Es uno de los Cinco Clásicos confucianos. El término i ching significa ‘libro de las mutaciones’.
El texto fue aumentado durante la dinastía Chou y posteriormente por comentaristas de la escuela de Confucio, pero su contenido original es de procedencia taoísta, y no confucianista. Se cree que describe la situación presente de quien lo consulta y predice el modo en que se resolverá en el futuro si se adopta ante ella la posición correcta. Es un libro adivinatorio y también un libro moral, a la vez que por su estructura y simbología es un libro filosófico y cosmogónico. La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos. Nunca presenta una situación en la que no esté incluido el principio contrario al rector del signo, que conducirá a un nuevo estado. Los cambios se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, lo cual muestra claramente el concepto taoísta del yin y yang. En su aspecto cosmogónico, el I Ching describe un universo en el que la energía creadora proviene del cielo, en tanto la tierra es receptora y fecundadora de esa energía primaria. En cierto modo el I Ching considera el cambio como la única realidad existente, el ser.
En Occidente se identifica el ser con aquello que mantiene unidas la forma (principio inmaterial) y la materia (principio material) y le da la virtud formal a la forma. Para el I Ching, la materia es sólo una manifestación pasajera de un principio más profundo. Los comentarios de Zhou y principalmente los de la escuela confuciana añaden un principio moral que debe presidir la conducta del sujeto que aspire a ser «noble». Esta filosofía moral se inspira en la naturaleza y las formas en que ésta procede, de manera que las figuras del I Ching encuentran su correlato en la vida política y se comportan como metáforas de la conducta correcta.
En el I Ching se advierte un sistema de numeración binario, a la vez geométrico y aritmético, en el que una línea continua es a la vez todos los números impares, y una quebrada, los pares. Los trazos de los hexagramas se construyen de abajo hacia arriba, al contrario de la escritura china posterior, que se construye de arriba a abajo.
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